miércoles, 1 de julio de 2009

Objetos vacíos


En ocasiones es la vida la que sitúa frente a nosotros cebos que como la zanahoria puesta frente a la cara del burro, nos hacen movernos en su búsqueda... no importa la dirección, no importa el paisaje, solo el objeto de nuestro deseo, ese que en ocasiones parece encontrarse a tan solo un paso de nuestras narices.

El nombre que le pongamos a esos objetos carece de importancia, aunque haciendo un alarde de pericia intelectual (también denominada en ocasiones "arte"), somos capaces de dotarlos de todo tipo de etiquetas, valoraciones e incluso en ocasiones, los envolvemos de un halo de misterio, sensualidad, y todo un arcoiris de matices que consiguen que no solo nuestra mente los persiga, sino también nuestra alma y, a modo de trampa mortal, capturan todo lo que de nuestro interior emana, olvidando que son solo eso... objetos.

En ocasiones muchos de nosotros cosificamos la realidad, casi sin darnos cuenta, o incluso voluntariamente, lo cierto es que tampoco es especialmente relevante el origen o intensidad y el empeño que pongamos en ello, lo lamentable es que sucede... una y otra vez sucede en cada rincón de este planeta.

Nos contamos historias, sobre el amor, sobre el éxito, sobre el sexo, sobre las pasiones e incluso sobre los rincones más oscuros de nuestra propia existencia. Retorcemos palabras, aliteramos metáforas imposibles y reconstruimos la realidad sin descanso, usando la magia semántica de las palabras porque no tenemos otra forma de revelar los pensamientos... Lo hacemos en pareja, con nuestros amigos, damos conferencias e incluso los más osados, sepultan ideas y sentimientos poniéndolos negro sobre blanco. Nos empotramos en libros, en blogs, y en poemas recitados al viento estéril del atardecer o susurrados al oído de la persona amada... pero en el fondo... después de todo... quizá alguno de vosotros se de cuenta de que... es vano...y llega ese momento en el que descubrimos que tan solo hemos conseguido dar una vuelta más en la noria de la vida, observando en ocasiones desolados, que tan solo hemos contado una historia más, una historia que como una lágrima en la lluvia, pasará porque eso es lo nuestro... pasar, siempre pasar...



No importan si nos escuchan o no, no importa si sentimos lo que decimos, porque en la base del ego, jamás hay nada. Y así quedamos vacíos una y otra vez cuando el toque de queda llega en el anochecer de los pensamientos...

Así somos muchos, bullicio, sonrisas, lágrimas y pasiones... vamos y venimos, desenvueltos, apresurados, sonrientes, como si realmente hiciésemos algo importante, como si fuésemos a alguna parte... llenamos la mochila de objetos, objetos vacíos y los arrastramos por la vida, los enterramos para dejarlos a buen recaudo, y salimos a por más... y así pasan los días, así pasan las vidas....

Dichoso aquel que disfruta con la sonrisa de un niño, o con el atardecer poniendo el velo aterciopelado en los párpados... dichoso aquel que es feliz con eso y con nada más, dichoso aquel que se lo cree, y dichoso el que lo vive y le llena hasta tal punto que incluso cuando las luces del escenario se apagan y nadie le mira, sonríe recordando todas esas cosas y la felicidad se mantiene perenne junto a la comisura de los labios.

Es mejor descubrir en los demás la huella de la pena, e identificar la losa de la tristeza en el rostro del vecino, es siempre mejor pensar que andamos un peldaño por encima y de esa forma, fomentar la bendita sugestión que nos lleva a creer por un instante (tan fugaz como los demás) que somos afortunados...

En efecto...siempre es mejor que las cosas sean así....

Quizá por eso está aquí este relato... para que resulte algo más fácil identificar lo afortunados que somos....porque al fin y al cabo, no somos capaces de percibir nada si no es por contraste, y así, observando el negro, podemos reconocer la luz que se abre paso a pesar de todo, entre la montaña de objetos vacíos con la que decoramos la estancia de nuestro espíritu.

u.



Un abrazo.

Agradecimiento a ....