
Piernas cruzadas junto a la mesita en la que solo una taza de café bañada por el sol aparecía.
Mirada perdida, lejos en el ventanal, mucho más allá del paseo y el mar que se abría ante sus ojos.
Aquella mañana no pudo sentir nada, nada, absolutamente nada, todo lo vivido quedaba atrás como el rumor de una intensa tormenta que se aleja, nada parecía serio, nada tenía importancia, si acaso, el sol derritiendo sus parpados cansados.
Cero pasión, cero sueños, cero ansiedad....tan solo esa respiración profunda, calmada, y quizá plena.
Entreabrir los ojos para ver que ahí, en la otra silla no hay nadie, y sentir así que esa ausencia implica mucho más que un vacío, el vórtice estéril que roba pasiones, suspiros, ilusiones, y vidas enteras.
Cerró de nuevo los ojos, dejó que el sol intenso esta mañana de invierno le acariciase entregado, y envuelto en esa sensación el recuerdo otros pensamientos, frases procedentes de otros mundos, de cientos de personas que sufren, vibran, se zambullen una y otra vez en la pasión de vidas plenas al menos por un instante. Reconocía lejanamente todas aquellas sensaciones, como un recuerdo difuso, lejano, casi como si perteneciesen a una película que poco tenía que ver con su vida.
Buscó un significado pero no lo había, no tenía porque haberlo...todo estaba bien así... el sol le arropaba y ese tramo del camino estaba bien así.
Un abrazo