Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2009

Mejor no esperar....


Un sollozo entrecortado era el único contraste entre las penumbras de los tenues perfiles grises que desdibujaban el salón en aquella tarde noche de invierno.

El rastro de unas lágrimas silenciosas llevaban escrita la letanía que durante los últimos años había estado viviendo, y la impotencia que hoy brotaba de sus ojos le había dejado por fin sin aliento....

Aquella tarde había decidido poner rúbrica a su obra, el punto final del que nada espera porque sabe nada hay tras la puerta.

Cegado por el desgarro sordo de un alma atrapada en su propia trampa, había aprendido por fin que la responsabilidad sobre los errores tan torpemente dibujados en su vida, tenía como significado supremo, el vivir en sus carnes las experiencias que previamente había causado con sus actos.

Ese era el significado del jeroglífico de sus días, ese era su destino, y en aquella tarde, tan buena o mala como cualquier otra, se encontró frente a frente con su sentencia, él era el muñeco, él era el engañado, víctima y verdugo de si mismo.

No necesitaba recibir el perdón de nada ni de nadie, y tampoco necesitaba una disculpa procedente de los labios mentirosos de aquella mujer, porque era plenamente consciente de su condición humana, tan frágil y cambiante como las figuras que tantas veces de pequeño había buscado en las nubes.

No, no era un perdón lo que necesitaba, tan solo quería dejar de ser el pim-pam-pum de sus propios miedos, dejar de sentir y sobre todo, volver a empezar.... se imaginó viajando lejos, un nuevo trabajo, una nueva casa, nuevas miradas..... todo en vano... su vida seguiría ahí... su sombra sería la misma, sus recuerdos, sus remordimientos, sus obsesiones, sus miedos....sobre todo sus miedos... esos que en la infancia se econdían en el oscuro armario del vestidor y que ahora se deslizaban sigilosos entre las sombras del pasado.

- Si tuviese valor.... -. Se repetía una y otra vez meciéndose a si mismo con la mirada perdida, sentado en aquel rincón... -Si tuviese valor....-.

Pero no, no tenía valor, nunca lo había tenido y no iba a ser aquel momento una excepción, sabía que la misma cobardía que en su día le aparto de su vida sería la que hoy le mantendría en ella.

Ya no había ayuda ni consuelo posible, ni tiempo en el mundo capaz de borrar lo infinitamente dolorosa que su insignificante vida se había vuelto...tan solo se limitaría a escuchar el goteo del tiempo deslizándose por las cloacas de su vida.... y quizá con suerte, esperar a que la escena terminase antes de lo previsto......


viernes, 14 de noviembre de 2008

Alameda


Paseaba casi de puntillas entre las hojas secas de la alameda que siempre parecía decir adios, allí en las soledades de las afueras del pueblo...

La tarde rojiza de aquellos últimos días de otoño y el cortante viento que ponían el vidrio en la mirada. El escenario perfecto para mi particular acto de contricción, que por otro lado era lo que había ido a buscar sin saberlo, en aquella visita relampago al lugar donde mi infancia había transcurrido.

Casí podía ver a Víctor y Pedro con sus bici apoyadas en el gigantesco "árbol de la sangre", que fue como los tres amigos bautizamos a aquel viejo álamo después de que la moto del "pitu" se estrellase contra él una noche en las fiestas del pueblo.

De casi todo hacía ya demasiado tiempo, y sin embargo aun me reía recordando las barbadidades que decíamos de Cris y sus amigas, aunque entre carcajada y carcajada se abriese el espacio suficiente como para que la desbocada imaginación adolescente soñase con alguna de ellas.

Enfrascado en mis ensoñaciones, no me di cuenta de que un coche había parado junto a mi y alguien en su interior me sonreía mientras pintaba una mueca a medio camino entre el excepticismo y la sorpresa.

Siempre me gustó la sonrisa de Cris, y después de aquella noche se convirtió en la caricia más dulce que nadie pudiese imaginar, entendí que a veces el abrir una brecha a lo inesperado se convierte en el verdadero sentido de la vida....

Agradecimiento a ....