
Si no vas a leer todo el texto mejor que no empieces.... entiendo que me ha salido un ladrillo de los buenos y leerlo resulta "insufrible" :)
Posiblemente más de uno al encontrarse con la palabra "pecado" piense de forma casi instintiva en los rancios recuerdos color sepia, procedentes de los sectores más trasnochados de muchas iglesias cuyo único objetivo es "atemorizar y atormentar" al pueblo sumiso.
Sin embargo, el verdadero sentido de pecado transmitido por otras muchas religiones (y corrientes religiosas), tiene mucho más que ver con aquellas acciones que nos acarrean "tormentas interiores" que con castigos supremos "del ojo que todo lo ve".
Es fácil, muy fácil, ridiculizar el concepto de pecado, es más, ¿Quién no ha montado alguna una frasecilla pseudo-ingeniosa con tonito sarcástico para arrancar alguna que otra sonrisa en cualquier reunión social, riéndose del terrorífico concepto de pecado?.
Resulta enormemente sencillo ridiculizar el concepto de pecado y sacar pecho asegurando al resto del mundo que tenemos muy claro que no hay infierno, o que no vendrá "Pedro Botero" a llevarnos con él al averno y patochadas similares....
Pero oh! penar de penares !, luego llegamos a casa, y en nuestros silencios en ocasiones descubrimos el verdadero sentido del pecado, y de su mano se abren las puertas de nuestros infiernos particulares.... y oh ! penar de penares (de nuevo), descubrimos que esos infiernos que nos devoran por dentro cuando la soledad se adueña de nuestros pensamientos, han sido generados por esta o aquella acción, pequeños o grandes errores cometidos a lo largo de nuestra vida.
Es justo en ese punto cuando hemos descubierto la verdad sobre el pecado, y es justo en ese punto cuando deberíamos descubrir la verdad sobre el perdón de Dios (o cualquier otro nombre que le pongamos), sin embargo esa parte en muchas ocasiones la olvidamos, porque curiosamente y para sorpresa de propios y extraños, a veces lo humanos preferimos continuar viviendo de infierno en infierno en lugar de darnos cuenta de que el perdón infinito reside en nuestra propia naturaleza, aquella que nos rodea (lo manifiesto y lo que no lo es).
Veamos un caso, imaginemos que vamos a entrar al portal de nuestra casa, son las tantas de la noche y la calle está oscura, justo en el portal contiguo al nuestro un hombre grita a una mujer indefensa y empieza a zarandearla, en ese momento y debido al miedo, abrimos de forma apresurada la puerta y subimos a casa, eso si, no sin antes haber llamado a la policía (que posiblemente llegará en unos minutos..)....
Al dia siguiente cuando bajamos de nuevo a la calle, vemos que hay un gran revuelo, la gente comenta en la panadería como murió aquella chica tan joven de dos navajazos en el cuello, y justo en ese momento se abren las puertas de nuestro infierno particular, y sentimos el lacerante dolor de la culpa que secciona las arterias principales de nuestro espíritu. Sentimos nuestro pecado (o como queráis llamarlo) como una brasa enorme, quemando todos y cada uno de nuestros pensamientos y lo peor es que esa sensación irá ganando terreno durante los próximos días.
El pecado sin duda en esta ocasión es un pecado de omisión, no hicimos nada, no ayudamos lo suficiente!! y empezamos a pensar que esa chica murió por nuestra culpa....automáticamente, la mente que es muy sabia (miles de años de evolución tenían que servir para algo), empieza a conformar excusas (y no lo digo en sentido peyorativo ni mucho menos), y nos ofrece un amplio abanico de motivos por los cuales actuamos de la forma en la que lo hicimos, es más vosotros que leéis este texto ya estáis de forma automática ofreciendo respuestas a ese comportamiento, respuestas del estilo de "si era un sujeto violento y me hubiera acercado seguro que yo también hubiera salido mal parado/a", entre otras muchas.
Sin embargo, el "y si...." continúa estando ahí, y puede que hasta deseemos poder viajar en el tiempo para cambiar lo sucedido. Luego llega el momento de "confesar" lo sucedido a nuestro amigo/a del alma, y él/ella refuerza nuestros argumentos en un intento de tranquilizarnos, concluyendo que "es mejor que no hicieses nada"... y ese "refuerzo" que nos ofrece nuestro amigo/a, nos reconforta aunque solo sea parcialmente....
La mayoría de la gente, terminaríamos por asimilar lo sucedido, y se acoge a una de esas razones para actuar, haciéndola definitivamente nuestra, quedando el malestar asociado a nuestro "pecado", reducido a un remordimiento "soportable", pero que sin duda permanecerá ahí durante todos los días de nuestra vida, con más o menos intensidad, o lo que es lo mismo, permaneciendo abierta una pequeña rendija a nuestro infierno.... lo malo de esta situación es que la suma de pequeños infiernos creados por esta situación y otras muchas que vivimos en el pasado y que viviremos en el futuro, termina por ser una carga demasiado pesada, que nos lleva a situaciones de stress, depresión, comportamientos irascibles, y otros tipos de desequilibrios de nuestro espíritu.... ante lo cual, la salida inmediata es tirar mano de los ansiolíticos, antidepresivos, alcohol y ¿Por qué no?...cualquier otro tipo de droga que nos sirva para "ganar olvidos" y perder de vista a esos "fantasmas" (pecados) que nos asustan.
Hay otro grupo de gente que jamás llega a sentirse cómodo con ninguna justificación, y entonces, el "pecado" se convierte en algo insoportable, insostenible... es entonces cuando ante el pánico que supone el vivir nuestro infierno personal cada día, cada noche, en cada cosa que hacemos o pensamos, la mente reacciona de las formas más insospechadas y vuelta de nuevo a la depresión, la angustia, los comportamientos esquizoides, etc, etc.
Así vivimos mucho, en un delicado equilibrio entre las nuevas cosas que suceden en la vida, y los "errores" cometidos conscientemente...
Está claro que "hay que mirar siempre adelante, ser siempre positivo, aprender de los errores cometidos, y todo lo demás...", sin duda son verdades como templos, que no chirrían cuando llega el momento de ponerlas en práctica, pero son verdades al fin y al cabo....
Lo que sucede es que esas verdades no siempre "nos satisfacen" y ese gusto amargo que los errores conscientes, van dejando a lo largo del la vida, en ocasiones pesan demasiado como para que unos cuantos tópicos, sean capaces de levantarlos.
Quizá sea porque esas frases resultonas que he dicho antes....las de "ser positivos, mirar adelante, a lo hecho pecho, mirar lo bonito que cada día tiene que ofrecernos, asistir al milagro de la vida, no pensar en los errores cometidos,... y cientos de frases más", al final hacen agua todas por el mismo sitio, que no es otro que el origen de las mismas.
El gran problema, es que muchos de nosotros, no somos capaces de entender que debemos perdonarnos, debemos amarnos profundamente, pero no con la intención de volver a crear nuevos infiernos a través de pequeños o grande "pecados", sino porque nuestra naturaleza humana, no es perfecta... señores, somos cobardes (unos para unas cosas y otros para otras), somos débiles (nos dejamos llevar por las cosas que nos producen placer a corto plazo), somos envidiosos, avariciosos, egoístas y egocéntricos....
Unos en mayor grado que otros, pero todos somos así, porque va en nuestra genética, no serlo, nos convertiría en una especie de fantasmas del más allá.... Y esa precisamente es la solución a nuestros pequeños infiernos, entender que somos así porque vivimos "atados" a un cuerpo que es así, un cuerpo que tenemos que "domesticar" para evitar que nos haga sufrir, y esa tarea, la de "educar" al espíritu es increíblemente completa, pero no tenemos que perder de vista que los errores forman parte de lo que somos.
Cuando educamos a un bebe, soportamos cualquier comportamiento que pueda tener, porque entendemos que está en fase de formación, no lo culpabilizamos, no intentamos imponerle castigos "que lo hagan escarmentar", simplemente entendemos que su estado natural es así, e intentamos ir enseñándole poco a poco, con un cariño que a veces parece inagotable.... y si nos comportamos así con nuestros hijos ¿Cómo no vamos a hacerlo con nosotros mismos?...¿Realmente creemos que ya hemos llegado al final de nuestra "educación"? ¿En que momento sucede eso?¿Cuando nos metemos en una hipoteca?¿Cuando conseguimos el primer trabajo?¿Cuando tenemos nuestro primer hijo?.....
La respuesta tal y como yo lo veo es sencilla.... nunca... y ese es precisamente el perdón infinito, lo que algunos llaman el perdón de Dios, es decir, comprender que nuestra naturaleza es estrecha, pequeña, limitada, y enormemente imperfecta.... cuando eso se llega a comprender de verdad, empiezan a surgir de nosotros respuestas a nuestros actos, y aparece esa paciencia infinita que nos permite empezar a rectificarnos, a corregir los desperfectos que nuestra existencia implica.... y las puertas de nuestros infiernos se empiezan a cerrar poco a poco, permitiendo recuperar la luz más preciada que emana de nuestro interior... la luz de la esperanza.
Perdón por el ladrillo insufrible pero el fin de este blog me obliga a poner cosas como estas.
Un abrazo a todos
Nada de ladrillo. El tema es muy interesante y lo que puede tener de ladrillo es que compromete y describe la realidad. Sin embargo, yo veo una gran salida y una esperanza. Está cantada porque la necesitamos y porque si no esto no tendría sentido. Necesitamos el perdón para seguir hacia adelante y el problema es: ¿quién nos puede perdonar?
ResponderEliminarEs curioso, pero ayer escribí una reflexión en "vivencias" que toca este tema: salvadorvivenciasinquietudes.blogspot.com/2009/01/el-sentimiento-de-autotraicin.html
Me gustaría que lo leyeras pues estimo que ahí están muchas respuestas a las preguntas que nos hacemos. Tambien, ayer escribí otros dos temas en mis otros dos blogs que en parte se relacionan con este tema y pueden dar salida. Yo al menos así lo veo y me dan esperanza y alegría.
Un fuerte abrazo, Ave.
Amigo Ave,
ResponderEliminarMe preocupa más tu frase en la que indicas que esto es el fin de tu blog que el "ladrillo" en si, que además me parece una perfecta reflexión sobre el alma humana.
La frase: "Errar es de humanos", seria aplicable en muchos casos a esos pecados que se comenten diariamente por "omisión" o "decisión propia".
¿Porqué a veces nos empeñamos en no querer superar nuestros errores?
Si podemos aprender de ellos como bien dices y seguir nuestro camino.
Si no somos capaces de perdonarnos nosotros mismos, jamás aceptaremos tampoco el perdón de otros.
Muy graves han de ser nuestros "pecados" para no poder olvidarlos,
pasando página...
Un abrazo
Ave
ResponderEliminarEs que justamente se trata de soportar nuestros propios ladrillos. Quien no pudo leerte, habiendo abandonado al encontrarse con el mismo, es quien aun no se atreve a adentrarse a si mismo y verse con los pecados propios a nuestra condición.
Aunque resulte paradógico, cuando mas me descubro en mi naturaleza imperfecta, mejores actos tengo para con los demás y conmigo.
Eso ha sido muy bueno!!
Saludos y muy buen post!!