jueves, 19 de agosto de 2010

El eterno agradecimiento

Corremos casi sin aliento, de un lado para otro, persiguiendo en muchas ocasiones simples espejismos que rara es la vez en la que somos capaces de saber quien o que los ha puesto ahí, en el centro de nuestras intenciones y deseos.

Corremos y agotados nos olvidamos de mirar a la vida cara a cara para darle las gracias por permitirnos dar un paso más allá en nuestra conciencia, en nuestra esencia, en lo que verdaderamente somos.

Corremos y corremos, asustados y angustiados, empleando demasiado tiempo en las preocupaciones sin que nada podamos hacer al respecto, porque los mandos de nuestro ser no están bajo nuestro control, decidimos delegar en el piloto chiflado, en el ser esquizofrénico que esta sociedad ha implantado en los más íntimo de los razonamientos que ocupan nuestro tiempo de pensamiento.

Estamos cansados y muchas veces no somos conscientes de hasta que punto es así. Jadea nuestra alma, que pide aire fresco, y nosotros a cambio, ponemos el despertador cada día un poco antes, amordazamos nuestro corazón, y continuamos la destartalada carrera en la que participamos desde el día en el que nacemos. Quizá por eso, porque nos creemos la ensoñación de que estamos en una carrera, en una competición, es por lo que aparece la envidia, y el miedo a perder, a perderlo todo, a perder afectos, a perder dinero, a perder poder y posición.

Aperece la envidia que como un veneno tiñe de oscuridad nuestros pensamientos, y sacamos las armas, nos defendemos, atacamos, amenazamos, y así, generamos más miedos, dentro y fuera... si tan solo por un segundo fuesemos capaces de comprender con verdadera lucidez que todo lo que tenemos es un regalo, que diferente sería todo!!... no es la vida la que nos debe aquello que ansiamos, somos nosotros los que estamos en permanente deuda con ella y sin embargo, como niños caprichosos no somos capaces ni tan siquiera de llegar a sospecharlo.

No podemos hacer mucho al respecto, ya es tarde, hay pagos a los que hacer frente, responsabilidades a las que nos encontramos atados, hay que comer, y vestir, y tener lo mínimo para no morir aplastados...esa es la tozuda realidad.

Solo unos cuantos en nuestra sociedad disponen de una oportunidad para 'conciliar' su vida y sus obligaciones, y puede que ni tan siquiera ellos dispongan del aliento suficiente como para desprenderse de la taquicardia vital...

Sin embargo, y a pesar de todo, deberíamos, debería recordar que tengo que buscar al menos cinco minutos al día para darle gracias a la vida por todo lo que ella encierra, por la oportunidad, por el desafio, por la lección, y sobre todo por el amor que en si misma encierra, esa clase de amor permanente que como si del de una madre se tratase, siempre permanece, en las luces y en las sombras, hasta el fin.

Un fuerte abrazo.

2 comentarios:

  1. Hola, querido. De vuelta yo de un leve destierro. Cinco minutos... Sí cinco minutos al menos. Que ese sea un poro por el que poco a poco se cuele tu espíritu. Y al final, tu espíritu vuelva a donde es y ese poro sólo sirva para mirar la carrera de los otros.

    Abrazos, abrazos.

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  2. Eso que cuentas es lo que yo llamo "la meta". Mi meta. Disfrutarlo todo sin padecer nada. La prisa, el consumo, la lucha diaria..., no debe envolvernos. Al igual que no debemos cegarnos con todos esos brillos que nos rodean. Hay que sumergirse en la vida, levantar los pies y notar que flotas, mientras el resto de las cosas pululan alrededor del borde para que tú decidas lo que quieres añadir a tu "baño con delfines"; sin que contamine ni tu agua ni tu risa.
    Uy, me salió al estilo piscina je, je. Es que, el otro día, mientras me bañaba en la piscina de la urbanización, me di cuenta de algo asombroso: andas dos pasitos, levantas los pies hacia atrás y flotas; andas dos pasitos, levantas los pies hacia atrás y flotas... Y eso es volar (en el agua), pero volar; porque tu cuerpo vence la gravedad. Parece una tontería, pero me gustó ser consciente de la sensación. Ahora, el próximo día, sólo queda imaginarte todo lo que se ve desde ahí "arriba".
    Ya ves, tú también tiras de mis hilos de plata.
    Gracias.
    Besotes voladores.

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Agradecimiento a ....