El eco del dolor retumbaba entre los muros de un corazón gris, todo tenía una explicación, todo tenía un porqué, y en el ir y venir de la serpiente de recuerdos envenenados, los pensamientos millones de ellos, revisando cada escena de un pasado muerto que se fijaba con fuerza a mi cuello, llevándome en un permanente viaje de ida y vuelta, a la asfixia, a la muerte interior.
Convertido en el centro de la creación ponía todo en su "correcto lugar", aquello blanco, lo otro negro, idiotas y más idiotas a mi alrededor, y el primero de la lista yo...
Así pasaba el tiempo, destruyendo a estos y aquellos con el sarcasmo y la crítica vacía de empatía alguna... y de entre todos el mayor damnificado, yo mismo.
Hacía mucho tiempo que había dejado de "ver". Ciego de ira y de impotencia, borracho de juicios, solo sabía golpear con los puños ensangrentados, las fronteras de mi estrecha realidad...
Entender que no era necesario todo aquello no fue tarea fácil, pero el silencio me tomó de la mano y por fin dejó de retumbar mi mundo... aquel fue mi primer día despierto... aun recuerdo la luz y esa brisa jugueteando en mi rostro... nada fue igual desde entonces.
Precioso.
ResponderEliminarEstoy de blog, pero me he detenido en el tuyo y no me quiero ir.