martes, 9 de diciembre de 2008

Todos mentimos....



La mentira... ese muro que se alza constantemente a todos los niveles de nuestra percepción entre la realidad y nuestra conciencia...

Todos hacemos uso de ella constantemente, mentimos a los demás y nos mentimos a nosotros mismos, a veces de forma consciente, en otras ocasiones de manera inercial y con cierta frecuencia, de forma totalmente voluntaria. La mentira puede adoptar múltiples formas, se esconde en silencios, en miradas huidizas, y siempre, en retorcidos laberintos de afectos y querencias que poco tienen que ver con el deseo de calma.

Cualquiera que haya reflexionado más de un minuto sobre la mentira, sin prejuicios pecaminosos, ni fariseismos indecentes de esos que señalan con dedo acusador siempre a los demás, seguro que ha llegado a la conclusión de que sus consecuencias jamás son buenas para nuestro verdadero yo, ese que necesita de la calma y la tranquilidad para respirar sosegado.

Sin embargo, la empleamos. Hacemos uso de ella como una herramienta para intentar conservar empleos, afectos, posesiones, autoestima, posición social, y cualquier cosa de esas que pensamos que necesitamos para ser felices.

Para mi lo más difícil fue darme cuenta de dos cosas.

La primera que la mentira nos sumerge de una forma casi irremediable en un bucle de nuevas mentiras, cuya profundidad será directamente proporcional a la "intensidad" de la falsedad que hayamos generado. Esto es así porque cada vez que falseamos la realidad a otra persona o personas, sentimos la necesidad imperiosa de empezar a justificar el porque de nuestra actuación, y esto nos lleva a construir nuevas mentiras, pero esta vez mucho más peligrosas que la original, puesto que en esta segunda fase la mentira tiene como objetivo nuestra propia percepción de la realidad... es la típica situación en la que nos creemos nuestras propias falsedades.

La segunda es que la mentira nos obliga a emplear muchísima energía, ya que tenemos que retorcer la realidad creando una bifurcación de la realidad que solo existe en nuestra imaginación. Esos micro-mundos nuevos que creamos en nuestra imaginación no son precisamente seres inertes, más bien al contrario, cuanto más profunda ha sido la mentira, más recursos y tiempo nos consumen, puesto que tenemos que dedicarles tiempo para mantenerlos coherentes no solo de cara a los demás sino ante nosotros mismos (los pensamientos no pueden sobrevivir en nuestra mente si no tienen un cierto grado de mínima coherencia).

Toda esta energía que es absorbida por la mentira como si fuese un vórtice, se resta indefectiblemente de otras actividades y atenciones que debe llevar a cabo nuestro corazón (familia, amistades, trabajo, pareja...)... quizá por eso cuanto más profundas y abundantes se hacen las mentiras en nuestra vida, más y más se degradan el resto de cosas, llegando un momento en el que la situación parece insostenible porque necesitamos más y más tiempo para cuidar esas realidades paralelas que han generado nuestras mentiras, dejando el resto de facetas, famélicas, y carentes de nuestra verdadera presencia.

Llegados a ese punto, la vida se pone cuesta arriba, y empezamos a estar cansados de todo, a nuestro corazón le empieza a faltar el aliento, y tenemos la necesidad de pulsar el botón de "reset" para volver a empezar con todo desde cero, librándonos de las cargas que las diferentes mentiras en nuestra vida, aparecen ahora como pesadas losas sobre nuestras espaldas.

Sin embargo, y este fue el verdadero motivo que me llevó a esta primera parte de mi reflexión sobre la mentira, no hay culpables en ello, todos nos sentimos dolidos (en ocasiones de forma casi irreparable) cuando somos objeto de la mentira, y olvidamos haciendo uso una vez más de otra mentira, que nosotros también la practicamos, y al hacerlo, nos despojamos de la empatía necesaria hacia los que nos rodean.

Ellos, los que nos rodean, son humanos exactamente igual que nosotros, y mienten, .... nosotros también.

Si comprendemos este sencillo axioma vital, estoy seguro de que conseguiremos por un lado el objetivo de comprender los motivos que llevan a otros a mentir, y por otro lado, identificándolos en los demás, podremos evitar caer nosotros mismos en los errores que observamos a nuestro al rededor...

Podemos pensar que nuestras mentiras "son diferentes", podemos mentirnos pensando que "tampoco es para tanto", y quizá tengamos razón, sin embargo, mi experiencia (que evidentemente sesga todos y cada uno de mis comentarios), me dice que no es así, toda acción tiene su reacción, toda mentira, tiene su consecuencia... solo es cuestión de tiempo..... solo eso.

Continuaré en el siguiente post con "la mentira piadosa", que según mis últimas vivencias, merece una atención especial (aunque en esencia se trate de lo mismo).

Abrazos sinceros.
Ave mundi luminar.

Agradecimiento a ....