miércoles, 7 de enero de 2009

La belleza de lo íntimo

Einstein al igual que otras mentes brillantes que han trabajado en cualquiera de los campos del saber humano que han poblado este planeta, han sentido verdadera fascinación por un fenómeno que parece repetirse a lo largo y ancho de todos los fenómenos (y epifenómenos) que tienen lugar en todo aquello que tiene que ver con la naturaleza, incluyendo los sentimientos y ... ¿Por qué no?.. el alma.

El objeto de la fascinación a la cual me refiero, es la simetría, ésta inunda prácticamente cualquier aspecto de la realidad, geometría, físcia, matemáticas, biología, química..... tanto es así que casi se diría que si hay un aspecto que define todo lo que nos rodea, es la propia equivalencia entre los opuestos.

No creo que yo pueda añadir nada de interés a todo lo que se ha dicho sobre la simetría y sus consecuencias en la vida... de hecho, es gracias a la existencia del "opuesto", de lo "contrario", por lo que somos capaces de "interiorizar" el verdadero sentido de lo que nuestra percepción nos cuenta.

Es precisamente esa "omnipresencia" del yin-yang lo que por contraste nos permite tomar conciencia del frio que hace o de lo felices que somos... todo esto, son verdades que todos conocemos... realidades que experimentamos... la verdad de lo opuesto, la certeza de que ante cualquier sentimiento, existe un "contrario" en alguna parte del universo, quizá esperando a que corramos en su búsqueda.

Sin embargo, mi reflexión en el día de hoy, tiene que ver con el origen de esta, nuestra realidad simétrica, ya que esta verdad, la de que todo lo que somos, sentimos, pensamos y deseamos, está sometida a la simetría, parece tener su orígenes en lo más pequeño, en los propios cimientos de esta realidad macroscópia que sufrimos o disfrutamos.... es en las profundidades de lo muy pequeño, en el mundo de las partículas subatómicas donde se empieza a gestar la simetría que experimentamos aquí arriba, en el plano consciente, y se diría que si el universo tuvo un creador, quiso que reparásemos en que la gran verdad, la que existe en todos los planos de la realidad que el ser humano conoce, es la existencia de los opuestos, y que este mundo, no es más que una constante búsqueda del equilibrio.

Quizá la verdadera felicidad se encuentre en la propia interiorización de este concepto, en la creencia de que nuestra sabiduría tiene que pasar por todos los estadios negativos para poder apreciar los positivos....


Perdón por la sesión de metafísica "de tasca"

Un abrazo.

Agradecimiento a ....