lunes, 13 de septiembre de 2010

Frontera



Piel, respiración y pasos aturdidos en ausencia total del espíritu.

Se erosionan los pensamientos cuando los pasos se visten de astenia, erráticos, asfixiados, carentes del más mínimo sentido.

Descuidadas luces brillan aquí y allá, desapasionadas e inevitables, empujando al cuerpo, desgarrándolo, humillándolo hasta sepultarlo en una y mil noches de huidas de si mismo.

Desmadejada presencia previa a la resaca del 'no ser', orgía de vacíos que se buscan a si mismos porque no conocen de otra cosa, y por delante .... una noche eterna para crucificar con precisión milimétrica lo poco bueno que queda en mi.

Un golpe, dos, cien, y esas astillas lacerantes penetrando bajo la piel, bajo las uñas, reventando el corazón una y mil veces para no recordar, para no pensar...

Caigo de rodillas, observo mi reflejo en el charco de sangre que todas las heridas abiertas han dejado, como si fuera una purga inutil, como si el cuerpo desease liberarse de lo que es por la vía del martirio absurdo.

Se balancea la luz insuficiente sobre las sobras oscilantes y pierdo la consciencia, una vez más.

No hay peor infierno que el de engañarse a uno mismo y tomar consciencia de ello, no hay peor error que el de dejar pasar el tesoro del tiempo entonando una canción estridente para lapidar lo que realmente existe y es.

No hay peor dolor que el de vivir convencido de que ya no hay vuelta a atrás, de que no hay perdón, de que el corazón se ha estrechado hasta tal punto que no queda espacio para el alma.

No hay peor engaño que el de pintar fronteras para delimitar abismos inexisistentes, los mismos que nos paralizan, nos desintegran, y nos llenan de nada desalojando la serena verdad de las intenciones.

Actuar siempre, caminar siempre, abrir los ojos y romper las hebras de hielo que nos impiden volar. Esa era la consigna cuando el amanecer me sorprendió desnudo en la penumbra... quizá por eso hoy se que nacimos para ser libres, para vivir en nosotros mismos, para morir en la lucha por la comprensión de nuestra condición de humanos, y si dejamos de hacerlo... entonces ... ¿Qué nos quedará?.


Agradecimiento a ....