sábado, 3 de julio de 2010

Éter



Aquella mañana tenía en sus ojos el vuelo del éter, quizá por eso le empapaba la sensación de que ya no estaba a su lado y sin embargo, debía continuar saboreando aquellos labios de hielo figiendo que nada sucedía....

Ella decidió saciar su sed bebiendo a pequeños sorbos, a escondidas, de la fuente más prohibida derramando el veneno de la traición y la decepción sobre su pecho...

No había culpables, no podía haberlos, sin embargo, tampoco encontró el valor suficiente como para compartir con él su doble vida, condenándole a un perpetuo estado de vida suspendida en el que la ausencia de toda emoción y sentimiento, dejaban una profunda huella de muerte anticipada en su rostro.

Nadie merece la mentira, al menos no las buenas personas, nade merece convertirse en prisionero de una realidad que no existe, nadie tiene derecho a negar una segunda oportunidad cuando la pasión ha muerto...

Sin embargo ella lo hizo, durante años...

Aquel día lo comprendió y fue entonces cuando las palabras se transformaron en tóxicos silencios presagio de atardeceres huerfanos de vida, en los que permanecer arrodillado en su reclinatorio interior para suplicar al destino que aquella agonía no durase ni un segundo más de lo estrictamente necesario, mientras las lágrimas empapaban por dentro las paredes del alma.


Tan solo le faltó una verdad para levantar el vuelo, una verdad que nunca llegó ....


2 comentarios:

  1. No sé si alguien tiene derecho a "engancharse" a otra persona y hacerla responsable de sus desdichas. La gente nunca miente a otros, en realidad, la mentira siempre es contra uno mismo.

    Tu texto, como siempre, me remueve por dentro, a la vez que pinta con toda maestría el enorme desconchón de las paredes interiores; de alguien, o de uno mismo (que el matiz no importa).
    A veces, las personas, enredadas en un laberinto extraño, ni siquiera piensan que pudieran dañar a otros con su actitud. Son los otros, nosotros, los que no queremos desprendernos de las espinas que nos dejaron, para seguir justificando nuestras heridas.
    Igual ni siquiera sé de lo que hablo, por eso aplico el algodón que tengo a mano; el resto, depende del paciente.

    Aquí va una frase para quien no sepa qué hacer con el dolor que le dejaron otros:
    "No te voy a juzgar"

    Como siempre... Una joya de texto, Ave.

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  2. La palabra adiós es difícil de pronunciar. El gesto de un adiós a tiempo, es uno de los más difíciles de hacer.
    Aquí se hubiera necesitado un oportuno "adiós".

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Ningúna opinión será "censurada" salvo que atente contra los principios mínimos del respeto a los demás y convivencia/coexistencia pacífica.

Agradecimiento a ....