
Y así pasaron los días... retorcimos las realidades hasta que sangraron los límites de la cordura, hasta que perdimos el norte, el mismo que más tarde descubrimos que no existía, creando una y otra vez sumideros de luz en los que solo absurdas cacofonías susurranban.
La delicada raiz de amor se pudría bajo un manto de penumbras cuyos tenues perfiles, solo quedaban al descubierto cuando las manos los acariciaban... y aquello nos parecía bello, tanto que transformaba en un compartimento estanco nuestro mundo, cerrando hermeticamente el necesario flujo del viento de la cordura.
Hoy solo hojas secas crepitando bajo los desnudos pies de nuestra desvalida humanidad, y el frio nos recuerda que estamos tan desnudos e indefensos como el primer día, tan vulnerables como aquellos que antes señalábamos con el dedo... fuimos pasto de una y mil traiciones que se deslizaron de puntillas bajo los muros de aquello que considerábamos seguro.
Me sorprendí diciendo si, cuando mi alma gritaba no; me lamenté tarde entre aquellas pesadillas que no me dejaron despertar hasta años más tarde, y entonces ya no quedaba nadie para escuchar mi letanía, ya ni tan si quiera mi figura aparecía en el espejo.
Retorcí palabras de amor para intentar que hicieran por mi lo que ya no estaba a mi alcance, pero las palabras solo son eso... palabras ridículas que rozan el esperpento cada vez que se supera la frontera de la cordura.