viernes, 15 de octubre de 2010

Cambio


La suma de los pequeños movmientos, el dolor y el alivio en su más íntimo origen, la sustancia de la que la ilusión del tiempo se nutre, lo bello y lo efímero... todo es fruto del cambio.

Podemos creer en lo divino, en lo humano o incluso no creer en nada, podemos soñar o vivir anclados en lo que creemos profúndamente real, podemos amar y odiar, o podemos vivir sumidos durante décadas en la más profunda de las apatías, y en todos los escenarios posibles solo una verdad existe y es que todo cambia.

En ocasiones me descubro enormemente ridículo al repasar mis pobres tentativas de retener lo que siempre está en movimiento, de congelar el tiempo, de intentar atar el viento favorable al corazón..., sin llegar a comprender que también nosotros somos brisa, somos tiempo, somos fugaces y en esencia somos cambio.

Quizá, solo quizá, la felicidad sea una forma de vida y no un estado, puede que sea el arte de dejarnos llevar por la imparable corriente de la realidad mientras disfrutamos entrando y saliendo de sus imprevisibles remolinos o flotando tranquilos en los remansos que sin que esté a nuestro alcance crearlos, la vida nos pone en el camino.

Solo el cambio existe en todo y en todos, desde la burbujeante esencia de la materia misma, hasta escala más amplia que nuestra mente alcanza a imaginar... por eso a veces, pienso que la huella de ese Dios omnipresente del que algunos hablan con tanta convicción, tendría que ser el movimiento premanente que lo empapa todo.

Agradecimiento a ....