Vivimos en un complejísimo entramado de circunstancias agenas y propias que en ocasiones creemos controlar...
Evidentemente si conseguimos un ascenso en la empresa o encontramos un buen trabajo es porque "nos lo merecemos" y nuestro ego nos susurra con una media sonrisa y los parpados medio entornados ... "lo ves, merecía la pena luchar", y en parte es cierto, pero solo en parte, porque el ego tiene la repujnante cualidad de apropierse de aquello que no le pertenece.
Posiblemente si conseguimos ese ascenso, o ese trabajo, o algo más de "armonía familiar", no se deba a una "lucha denodada" guiada por el pánico y la ansiedad, sino más bien por una voluntad firme, procedente de un deseo que en su origen fue claro y firme.
Esos deseos, los que proceden de intenciones claras y firmes, son lo que tenemos las capacidad de convertir en realidad, siempre y cuando la parte "histérica" de nuestro ser (el ego), nos deje actuar.
La cuestión que cada uno de nosotros debemos responder (y os aseguro que no es tarea fácil), sería ... ¿Qué intencenciones claras y firmes tengo para mi vida?.
Está claro que en el mundo laboral y material manda el Ego siempre. Pero debemos buscar el equilibrio para que el Yo despunte poco a poco y acabe doblegando al Ego.
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