
Supongo que habrá multitud de formas de definir la "fuerza de voluntad", de hecho, puede que hasta haya tantas formas como formas de pensar sobre la faz de la tierra, que por otro lado, es lo que suele suceder con casi todos términos que echan raices en esa tierra de nadie, que se extiende desde lo palpable y evidente, hasta las poco precisas simas del alma.
Desde mi punto de vista, la fuerza de voluntad es una de esas "marcas de la casa" que nos distingue del resto de seres de la creación, una parte de ese "aliento divino" con el que la evolución nos ha moldeado.
Quizá la fuerza de voluntad se podría definir como la potencialidad que tenemos para no dejarnos llevar por nuestras apetencias en determinados instantes, de forma que invirtamos nuestro bien más preciado, el tiempo, en pos de cualquier objetivo que nos marquemos.
Sin embargo yo siempre he visto en esta característica de nuestra humanidad, algo que trasciende lo púramente tangible, un "algo" que va más allá de los fines para los que normalmente se emplea, una especie de componente "mágica" que hace de la fuerza de voluntad, un perfecto compañero de viaje del "libre albredío".
Mi madre, que es una mujer muy sabia, siempre me ha dicho que la fuerza de voluntad, como todas las características del alma humana, es como un músculo, algo que se puede ejercitar o no, y que sino se hace, termina por atrofiarse, y finalmente falla en el momento en el que más lo necesitas.
Una herramienta para ejercitarla quizá sea la disciplina y el orden, que dicho así, suena "sospechosamente marcial" y destila un aroma un tanto rancio, quizá porque a los que pertenecemos a las generaciones previas a los años 70, nos suena a colegio de curas/monjas, a mili, o a esa iglesia color sepia, que circulo en su momento (y aun lo hace aunque menos), por las cloacas del verdadero "cristianismo".
Sin embargo, el ver que es de nuestras vidas cuando la fuerza de voluntad se atrofia, hace que en nuestro fuero interno, sepamos que hay que cuidarla, mantenerla en forma, despierta, correctamente usada, y valorada.
Es posible que uno de los grandes problemas de nuestra sociedad que afecta especialmente a los que aun están en proceso de ajuste de sus "máquinas interiores", sea la gente joven.
Tomando como ejemplo la publicidad (aunque evidentemente hay muchos más), observaremos que hay un conjunto de mensajes publicitarios se repiten constantemente (en sus diferentes formas y maneras), son cosas como "déjate llevar", "se tu mismo y haz lo que te apetezca", "no te resistas", "sucumbe a la tentación", "vive el instinto" ... evidentemente esto es necesario porque así abandonamos nuestros objetivos para seguir los objetivos de otros (los anunciantes).
La ausencia de la fuerza de voluntad en nuestras vidas nos arrastra al fracaso interior, a los remordimientos, y como consecuencia de ello a crear una compleja red de autojustificaciones y mentiras sobre nosotros mismos que son en si, mucho más dañinas que los actos cometidos en el pasado, de los cuales que hoy nos arrepentimos. Quizá esto sea así, porque posiblemente mentirnos sobre nosotros mismos envenena de forma muy peligrosa nuestro futuro. Distorsionando gravemente nuestra capacidad para ser conscientes de nuestras potencialildades y nuestras limitaciones.
Ojalá los "fracasos interiores" se pudieran medir únicamente en términos de trabajo, dinero, o estatus social.... Cuando hablo de ese tipo de fracasos, me estoy refiriendo evidentemente a lo que todos y cada uno de nosotros sabemos que dinamita nuestros propios cimientos, que no es otra cosa que la "omisiones", esas cosas que dejamos de hacer, o ese tiempo que no empleamos en cosas que sabíamos de antemano que eran muy importantes para nuestro presente y futuro o bien para el de la gente que nos rodeaba (y nos rodea).
Podemos mentirnos, podemos crear infinidad de metáforas para autocompadecernos y/o autoconvencernos de que actuamos como actuamos porque así debía ser, es más, incluso en rozando el paroxísmo de la ultra-ortodoxia de las leyes de la autoestima, podemos llegar a declamar (sobre todo en público) "Yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho". Sin embargo, muchos de nosotros sabemos que no es así.
El problema no está en tomar decisiones acertadas o no, las decisiones siempre tienen ese componente "probabilistico", el problema es dejar de hacer, dejar de luchar por lo que nuestro Yo verdadero sabe que debemos hacer, el problema está en "dejarnos llevar en todo momento", eso es lo que nos convierte en verdaderos responsables de las consecuencias.
La fuerza de voluntad modela no solo nuestros actos y nuestro cuerpo, sino también nuestro espíritu, lo mantiene limpio de remordimientos y preparado para sortear con mayor facilidad las pruebas que la vida nos pone cada día, pero sobre todo nos ayuda a que al final del día, cuando llega el sueño, podamos dejar la mente en calma, porque con independencia del éxito o del fracaso logrado, habremos hecho lo que debíamos hacer, es decir, habremos "cumplido nuestro objetivo en la vida" (cada día uno y a cada persona el suyo).
Hace tiempo que aprendí que en nuestros actos no hay culpas, sino responsabilidades.
Todos somos siempre responsables de nuestros actos y por lo tanto debemos afrontar las consecuencias de cada uno de ellos, sin embargo no somos culpables, porque nuestra condición humana (mitad animal, mitad "otra cosa"), y la imperfección que hay implícita en ello, nos exhime de cualquier culpa. Pero tenemos la necesidad, y la obligación de aprender, no querer verlo es el peor de los engaños con el que nos podemos castigar.
Por eso para mi, la fuerza de voluntad es tan importante, porque nos ayuda a potenciar nuestra "divinidad" y nos libera de nuestra animalidad por el camino del que aprende (en el más amplio entido del verbo).
Pero lo mejor de todo es que esa "liberación" solo sucederá cuando nuestra voluntad lo desee, y así podremos disfrutar de la gran maravilla que supone el vivir nuestra animalidad y sus pasiones, al tiempo que les ponemos coto, evitando el cometer errores irreparables que nos impidan seguir disfrutando y aprendiendo.
Tan solo una mente consciente puede emitir el poder de la voluntad...
ResponderEliminarQuizá por ello es aun más desconcertante que se nos haya otorgado a nosotros que somos mitad mitad caos, mitad cosmos...
ResponderEliminarGracias por tu visita flipo en octarino.